Después de un tiempo vuelvo a escribir una columna periodística tratando, esta vez, de mantener cierta asiduidad con mis escritos y tratar de mantener cada vez más activo este espacio personal de libertad y opinión sobre México y el mundo, que en los últimos meses ha estado en la más clara inactividad.

Yendo al punto, el tema que me trae a este espacio es Michoacán, ese estado al sur del país, que desde el brote de las autodefensas ha estado recurrentemente en las portadas de los medios tanto nacionales como internacionales, principalmente por ser uno de los estados más violentos del país.

Esta ocasión el foco de atención es el municipio de Tanhuato, al norte de la entidad, colindante con el estado de Jalisco, entidad la cual en las últimas también ha visto incrementarse exponencialmente la violencia, a niveles alarmantes en pleno año electoral.

Como posiblemente se hayan enterado, y si no se los informo, el viernes por la mañana hubo un enfrentamiento entre miembros del crimen organizado y la Policía Federal, al interior de un rancho, luego de que recibiesen las autoridades el reporte de que había existido una invasión ilegal en dicha residencia.

Según información brindada por Monte Alejandro Rubido, Comisionado Nacional de Seguridad, los elementos fueron atacados por este grupo de civiles armados, los cuales inicialmente se negaron a ser revisados cuando viajaban en convoy, quienes posteriormente buscaron refugio en el lugar, sitio hasta donde fueron alcanzados, iniciando el enfrentamiento.

Luego de casi tres horas de intercambio de fuego el saldo final fue de 42 civiles fallecidos, así como de un policía federal, logrando la detención de tres civiles, así como el decomiso de 39 armas de fuego, entre ellas un lanza granadas.

Sin embargo las dudas han comenzado a surgir, y los fantasmas de eventos como Tlatlaya, en 2014 y Apatzingán, en enero pasado, hacen dudar a la ciudadanía sobre si este fue un enfrentamiento, o una masacre ante civiles que posiblemente se hubieran rendido después de unos minutos.

Este acto hace dudar a los mexicanos, si al llegar no se dio la misma orden que en Apatzingán, bajo la cual policías federales habrían atacado a policías comunitarios en ese poblado dejando un gran número de fallecidos.

La desconfianza en el gobierno federal se acrecenta, y hechos como estos hacen dudar de la versión oficial ofrecida la noche del viernes; independientemente de que las personas hayan sido criminales nuestro país es un estado de derecho, o por lo menos se supone que lo es.

Es muy extraño el bajo número de sobrevivientes del lado enemigo, y que del otro bando apenas haya habido bajas, se debe investigar muy bien este hecho, y de manera independiente pues, en el peor de los casos, podríamos estar presenciando otro caso más de un crimen de lesa humanidad, como los otros arriba citados.

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